“Akí” no sólo se vende droga, se violan los derechos humanos

Esta semana, casualmente el mismo día en que los medios hacían eco del alto número de homicidios en la Costa Caribe -42 por cada cien mil habitantes- en su mayoría vinculados al tráfico de drogas, también se dio a conocer el famoso Plan Coraza implementado por la Policía Nacional que básicamente se trata de ir a pintar casas con la leyenda de “Aquí se vende droga” donde se crea hay un expendio. Según la información que dio la propia Policía  esta medida sólo es para los pequeños negocios.

Y como es de esperarse, tras las pintadas, los dueños de las cuatro viviendas que ya han quedado manchadas negaron que ahí se venda algún tipo de droga. Después de leer la frase sólo se me vino una cosa a la mente. ¿A quién demonios se le ocurrió esta genialidad? ¿No sería mejor que en lugar de andar violando varios derechos fundamentales de las personas, en especial el respeto a su integridad, se buscara la manera de realmente penalizar a los vendedores de droga, en vez de sacarlos a los dos días o la semana? ¿Acaso no es obligación de la Policía velar por el cumplimiento de la ley, en lugar de pasárselo quien sabe por dónde? Sigue leyendo

Relevo generacional

Debo aclarar que NUNCA he ido a la plaza el 19 de julio, ni al Repliegue. Crecí en un hogar sandinista, tanto que cuando en 2006 mi papá estuvo internado en un hospital por un neumotórax y no recuerdo que más, su gran preocupación, no era su salud, sino si iba poder ir a votar o no. Y el año pasado se repitió la historia. Esta vez fue mi mamá la internada y con todo y todo, los dos fueron a su urna para marcar la boleta. Pero a pesar de que mis papás siempre han sido disciplinados cuando reciben ese llamado sandinista, nunca fueron de ir a plazas y menos de permitirnos a mi hermana y a mí, ir a esos alborotos como los llama mi madre.

Hecha la aclaración, tengo que decir que siento vergüenza ajena al leer y ver las noticias relacionadas al Repliegue de ayer y a los actos oficialistas en general. No soy opositora, ni culito rosado como llaman a esos chavalos que van a las calles con sus camisetas gritando No a la dictadura y demás. Me crié en un casa donde de vez en cuando se contaban anécdotas de la guerra, de la insurrección del 79 y todos aquellos eventos que hicieron soñar a gran parte de una nación. Conozco y sigo teniendo el gusto de conocer a otros viejos guerrilleros y colaboradores históricos, en su mayoría del Frente Norte y casi todos están de acuerdo en algo. Lo mejor que hicieron con su vida, fue participar en la insurrección. Sigue leyendo

Ellas y yo queremos dormir y vivir tranquilas

Hace unos días les conté que uno de mis sueños en un mundo perfecto es poder caminar tranquila sin que me chiflen ni piropeen en las calles. Pues con esto de la ley 779, mejor conocida como la ley contra la violencia hacia las mujeres, sí esa que hoy entró en vigencia y que dicen no hay personal, infraestructura ni presupuesto para ella, aún cuando fue aprobada hace tres meses.

Y no es que los diputados -con aplanadora o sin ella- y los jueces necesiten perder más puntos con la ciudadanía, pero es increíble que se haya llegado al punto de aprobar una ley, tan importante para un país donde en lo que va del año hay ya 32 mujeres asesinadas, de los cuales según la Red de Mujeres contra la violencia 16 hombres están detenidos, sin estar enjuiciados, 8 están prófugos de la justicia y 3, además de prófugos, se fueron del país y sólo ha habido una condena por femicidio. Sigue leyendo

El pecado de ser nicaragüense

Aunque siempre he sabido que los nicas en Costa Rica no son tratados como al resto de centroamericanos, hace un par de meses, cuando tuve que hacer una escala en el aeropuerto Juan Santamaría de San José, me sentí como si fuera yo un delincuente. Si, yo, que en mi vida sólo una vez me he robado algo y fui motivo de broma porque era una caja de fósforos vacía -pero es que era tan linda la caja- que recuerdo a mi amigo Roberto decirme “sos tan honrada que cuando te robás algo, es una caja de fósforos vacía.

Pero bueno, a lo que vine a contarles. Para subir al avión en Managua no hubo ningún problema. Cuando bajé en el aeropuerto costarricense tampoco. Hasta el momento nadie sabía que yo era nicaragüense.

La escala duraba siete horas y media. Y un par de horas antes de subir al avión, una voz desde los altavoces me pide que me presente en la puerta de abordaje número 17. En mis maletas llevaba una bolsa de café y otra de frijoles para no extrañar los primeros día el sabor de Nicaragua. Pensé automáticamente que se trataba de eso.

Puesta en la puerta, una señorita de baja estatura, piel blanca, pelo claro y con obvio acento tico, me dice, “Velia, acá tenemos que usted regresa de España el tres de julio, pero usted no tiene visa para entrar a Costa Rica”. No la dejé continuar. Inmediatamente le respondí que no necesitaba visa para ingresar a su país porque únicamente estaba en el aeropuerto y no tenía intención alguna de salir a conocer la “Suiza Centroamericana”. Ella insistió en que como no tenía visa y ellos en su sistema no encontraban mi boleto de regreso a Managua, no podía dejarme subir al avión que me llevaría a Madrid, para prevenir algo que pasaría en doce meses. Sigue leyendo