Ellas y yo queremos dormir y vivir tranquilas

Hace unos días les conté que uno de mis sueños en un mundo perfecto es poder caminar tranquila sin que me chiflen ni piropeen en las calles. Pues con esto de la ley 779, mejor conocida como la ley contra la violencia hacia las mujeres, sí esa que hoy entró en vigencia y que dicen no hay personal, infraestructura ni presupuesto para ella, aún cuando fue aprobada hace tres meses.

Y no es que los diputados -con aplanadora o sin ella- y los jueces necesiten perder más puntos con la ciudadanía, pero es increíble que se haya llegado al punto de aprobar una ley, tan importante para un país donde en lo que va del año hay ya 32 mujeres asesinadas, de los cuales según la Red de Mujeres contra la violencia 16 hombres están detenidos, sin estar enjuiciados, 8 están prófugos de la justicia y 3, además de prófugos, se fueron del país y sólo ha habido una condena por femicidio. Sigue leyendo

Quiero caminar -y vivir- tranquila

ImagenTodos los días camino del trabajo me encuentro con dos sitios que -sin ánimo de sonar clasista ni nada por el estilo- son los peores para que una mujer camine: una obra en construcción y una empresa de subcontratación de servicios. Así que como se imaginaran, los “adiós amor” y derivados son mi desayuno de lunes a sábado muy a las siete y treinta de la mañana. Aunque de vez en cuando un perro callejero nos ofrece seguridad y compañía a todas las mujeres que pasan por esta calle -por desgracia a la vuelta de la esquina tengo el barrio El Recreo y no soy tan valiente como para sacar mi celular y tomar una foto a mi guardaespaldas-, tener que buscar rutas alternas para evitar iniciar el día de esa manera, es molesto. Y mucho.

También es molesto que muchas veces por incomodidad al escuchar esos comentarios no nos sintamos libres de ponernos la ropa que se nos dé la gana. Creáme, hace unos meses, unas amigas y yo hablábamos del tema y una de ellas dijo en pleno marzo que si no andaba un suéter se sentía desnuda en la calle.  Y hay quienes ni en su casa se sienten tranquilas de andar en shorts porque como les manden a la venta, les da una pereza monumental buscar un pantalón para evitar el “mamacita rica” apenas ponés un pie afuera. Sigue leyendo