Divina luz para descubrir sus males

Son las cuatro de la tarde. En la sede de la Asociación Divina Luz ubicada en el Barrio Costa Rica de Managua, institución que lleva muchos años en Nicaragua y cuenta con personería jurídica, está el “maestro” Ponticiano sentado en un sofá viejo mientras escucha a una de sus “pacientes”.

Es aquí, donde normalmente los dos “maestros” de la Asociación que ellos mismos llaman católica, escuchan a sus “pacientes” y tratan de entender de qué hechizo o problema espiritual han sido víctimas quienes acuden a sus consejos y “remedios”.

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Entre la nube de laca, maquillaje y ego

El olor a spray se sentía antes de doblar hacia el pasillo. Entraban y salían estilistas del lugar. En la puerta del camerino, en el primer tocador, estaba Blanca García en ropa interior, lista para que su ‘equipo’ le maquillara el cuerpo y terminara de prepararse para lucir el traje de fantasía verde de dos piezas que realzaba su silueta y que ya había modelado unas semanas antes.

Su espera no fue muy larga, pronto llegó una mujer joven, de pelo largo y ojos cansados que  empezó a empolvar con vanidad los hombros, mientras ella terminaba de acomodar las extensiones de su cabello y arreglaba su peinado.

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El sombrero que dibujó 35 sonrisas

El tío Nacho tenía un sombrero de paja desde hacía mucho tiempo. Estaba lleno de hoyos y el Tío Nacho quería deshacerse de él. En eso se basa el cuento infantil “El sombrero del Tío Nacho”.  El grupo de teatro para niños de Roberto Aguirre (el Dr. Kelo Kura) el Club El Clown, presentó esa historia el pasado cinco de noviembre. Era el día en que celebraban su onomástico. Sigue leyendo

Mercados “marchitos”

Más de cincuenta comerciantes informales temían no vender todos los ramos florales y adornos este día de los Difuntos debido a la crisis económica por la que pasa la población.

Es dos de noviembre. Las calles aledañas al Cementerio Oriental de Managua, frente al Mercado Periférico Jonathan González, están llenas de flores y gente que va y viene de una esquina a otra. Las aceras se han convertido en una especie de mercado de flores y comida. Sigue leyendo

Sin juicios ni penas

Un laberinto de puertas y andenes esconden las salas de los Juzgados de Managua. Afuera del lugar, se ven las vendedoras de fruta, chicles, caramelos, cigarros y gaseosas y varias personas que van y vienen de los kioscos de fotocopias que están alrededor.

En la verja enmallada de la entrada está el vigilante. Es un hombre de unos 45 años, con algunas canas en el pelo, de estatura promedio y bigote teñido de gris que indica a cada persona que llega que para pasar tiene que pedir permiso a uno de los seis policías que están en la siguiente puerta. Sigue leyendo