¿Y qué hacemos ante el acoso en la calle?

De nuevo yo con el mismo cuento del acoso callejero. Y es que en los últimos días lo he sentido mucho más fuerte y eso me parece preocupante. Además, esta entrada se la debía ya a Alberto con quien había comentado un incidente sobre esto. Imagen

Hace unas semanas tomé un taxi en la parada del Multicentro. El carro era un sedán viejo color negro y placa M04430. El conductor se veía joven, unos treinta años máximo.

El siguiente dato puede que no sea importante, pero como sabemos muchos hombres machistas -bueno, esos que se creen hombres- dicen que nosotras nos buscamos esos “piropos” porque andamos enseñando piel. Pues yo andaba de jeans, cero escote, camisa holgada y chinelas, así que carne era lo que menos mostraba. Y aunque yo anduviera desnuda en la calle, no tienen porque decirme que estoy buena. Esas cosas mejor callarlas.

Como sea, al rato me pregunta el taxista si me manejo mucho por esta zona. Yo la verdad no soy de hablar con desconocidos, pero me pareció una pregunta normal e inofensiva así que contesté. Más tarde me pregunta si estoy casada y contestó en modo automático que sí -aunque no lo estoy- y que tengo un hijo pequeño. Él me ve por el retrovisor, se muerde el labio y me responde “pero quedaste riquísima”. En ese momento justo íbamos por el Mercado Oriental, exactamente por el gancho de caminos así que traté de tranquilizarme e ignorarlo. Pero la jugada no me salió muy bien porque el conductor insistía “¿escuchaste lo que te dije?“. Sigue leyendo